
Con alcohol obligatorio, Cancillería adjudicó $80 millones en catering para su cúpula
Buenos Aires, 15 abril (NA) -- El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, bajo la conducción de Pablo Quirno, adjudicó una licitación por $80.030.000 para contratar un ...
Buenos Aires, 15 abril (NA) -- El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, bajo la conducción de Pablo Quirno, adjudicó una licitación por $80.030.000 para contratar un servicio de comidas y bebidas para actos protocolares y comidas formales de autoridades. La aprobación formal salió el 9 de marzo de 2026, mediante una disposición firmada por la subsecretaria de Coordinación y Administración Exterior, María Cristina Dellepiane. La adjudicación dejó $17.000.000 para Roberto Antonio Costa y $63.030.000 para ETNIK Eventos Integrales S.R.L.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el expediente EX-2026-02520460-APN-DCYC#MRE tramitó como Licitación Pública de Etapa Única Nacional N° 26-0001-LPU26 y tuvo por objeto la contratación del “servicio de suministro de comidas y bebidas” para los actos y eventos protocolares que lleva adelante la Dirección Nacional de Ceremonial en el Palacio San Martín y/o en el edificio de Cancillería, cuando participan funcionarios de otros Estados, integrantes del cuerpo diplomático acreditado y funcionarios de organismos internacionales. Pero el pliego fue más allá del ceremonial clásico: también incluyó almuerzos buffet, vinos de honor, comidas formales categoría Canciller y almuerzos o comidas formales categoría Secretario de Estado u otra autoridad de la Cancillería. Es decir, la licitación no sólo apunta al ceremonial diplomático: también prevé mesa formal para la propia conducción del ministerio.
El esquema previsto no fue menor. El pliego habilitó hasta 250 servicios de almuerzo buffet en seis meses, hasta 400 servicios de vino de honor y hasta 200 comidas formales para cada una de las dos categorías de mayor jerarquía, todo por un plazo de seis meses, con opción a prórroga por otros seis. Además, al tratarse de una orden de compra abierta, la Dirección Nacional de Ceremonial puede emitir solicitudes de provisión durante toda la vigencia del contrato hasta completar esos topes.
Lo más fuerte del expediente aparece en la letra chica gastronómica. Para el vino de honor, Cancillería exigió un servicio bandejeado de entre 60 y 75 minutos, con cinco bocaditos salados fríos por persona, cinco calientes y cinco dulces. Entre los fríos figuran mini ciabatta de jamón crudo, mini bagel de salmón, mini ensalada César, pinchos de quesos duros con miel y muzzarella con tomates secos al olivo y albahaca. Entre los calientes aparecen empanaditas, gramajitos clásicos, pastelito de carne al curry, langostinos apanados, rabas con salsa tártara, mini omelettes de queso, espinaca y berenjenas, crostines de mini morcillas y chorizos y pinchos de pollo con sésamo y reducción de salsa de soja. Para el cierre dulce, el pliego enumera mini alfajores de maicena, mini pasta frola, trufas de dulce de leche, cuadraditos de manzana y mini cheesecake.
Para las comidas formales categoría Canciller, el pliego fijó una gastronomía todavía más sofisticada. Como entradas, contempló tartin de tomates y queso de cabra, burrata marinada con jamón crudo y tomates secos, humita salteña, tartare de salmón, soufflé de tres quesos gratinados y carpaccio de vegetales. En los platos principales, incluyó bife de lomo con verduras mediterráneas, lomo asado con alcauciles y papines andinos, gigot de cordero con buñuelos de champiñones, ojo de bife braseado con hierbas y medallón de lomo con salsa de vino tinto y papines andinos. Para el postre, el menú abrió opciones como tarta tibia de chocolate amargo, degustación de postres regionales, volcán de chocolate con helado, flan de dulce de leche con coulis de higos y crumble de manzanas con crocante de nueces y helado. A eso se sumaron café y petit fours.
La bebida también quedó detallada con nombre y apellido. Para la categoría Canciller, el pliego exigió bebidas sin alcohol de marca de primera línea, con ejemplo explícito de Coca Cola, además de vinos argentinos tintos y blancos calidad “Gran Reserva”, “intentando contemplar la cepa representativa del país”, con referencias a Rutini, Luigi Bosca, DV Catena y Altos Las Hormigas. Y agregó un extra para el brindis: espumante de origen argentino de alta gama, con ejemplos como Barón B, Saint Felicien, Casa Boher y Cruzat Reserva.
Para la categoría “Secretario de Estado u otra autoridad de la Cancillería”, el menú se mantuvo prácticamente intacto: repitió el mismo esquema de entrada, plato principal, postre, café y petit fours, y sólo bajó la categoría del vino a “reserva”, con etiquetas de referencia como Salentein Reserva, Escorihuela Gascón, Trumpeter Reserva y Fond de Cave Reserva. En este caso, el pliego aclaró que no requiere copa de espumante. En paralelo, el Anexo B obligó a los oferentes a presentar sus propuestas de menú para cada tramo: buffet con bocaditos fríos y calientes, vino de honor con bocaditos fríos, calientes y dulces, menú formal para Canciller con Gran Reserva y espumante de alta gama, y menú formal para autoridades con vinos Reserva.
Incluso el servicio menos jerárquico quedó lejos de un catering estándar. Para el almuerzo buffet, el Anexo B exigió bocaditos fríos, bocaditos calientes, un plato caliente opción carne, otro plato caliente opción pasta o vegetariana, postre, bebidas sin alcohol y vinos argentinos Reserva. El expediente, además, previó menús especiales para celíacos, diabéticos, dietas a base de pescado y opciones vegetarianas, y habilitó también menús kosher para el buffet y el vino de honor.
Hay un punto político especialmente incómodo para el Gobierno: el pliego estableció como “condición excluyente” que los oferentes presentaran una propuesta gastronómica “que incluya bebidas alcohólicas para todos los renglones”. No fue una opción ni un agregado eventual: quedó escrito como requisito obligatorio, bajo apercibimiento de desestimación por omisión esencial. El alcohol quedó puesto como requisito obligatorio: si una oferta no lo incluía, podía ser desestimada por omisión esencial.
La contratación también bajó al detalle en la puesta en escena. El servicio debía incluir vajilla, cristalería, cubiertos, mantelería y mesas de apoyo acordes a cada evento. Los uniformes, la mantelería y las servilletas no podían tener logos ni marcas de la empresa. Y los mozos debían presentarse con traje negro, camisa blanca, chaleco negro y guantes blancos. El pliego además exigió que las bebidas estuvieran a la temperatura correcta, con las sin alcohol refrigeradas y hielo previsto; que los bocaditos fríos y calientes no superaran en conjunto el 30% de contenido de harinas; y que los alimentos fueran transportados en vehículos refrigerados, garantizando condiciones de higiene y salubridad.
Otra particularidad del expediente es que, en distintos supuestos, parte del personal de salón puede salir de la propia estructura estatal. El pliego obliga a los oferentes a tener al menos 10 mozos a disposición, pero al mismo tiempo dispone que, si la cantidad de comensales es reducida, los mozos serán provistos por el propio Ministerio. Eso vale para los almuerzos buffet y vinos de honor con menos de 30 invitados, y también para las comidas formales de Canciller o de autoridades con menos de 14 comensales. Sólo por encima de esos umbrales la empresa adjudicataria debe sumar mozos, coordinadores, chef y ayudantes de cocina en la proporción fijada por el pliego.
La cláusula de cancelación es otro de los puntos más sensibles. La Dirección Nacional de Ceremonial puede confirmar la cantidad de comensales hasta 24 horas antes del servicio. Pero si la cancelación o la disminución de invitados llega después de ese plazo, el Estado igualmente debe pagar el 50% del servicio solicitado.
La selección de los proveedores tampoco se resolvió únicamente por precio. El pliego fijó que la evaluación tendría una ponderación de 60% para la oferta económica y 40% para la degustación. Esa degustación debía realizarse con una anticipación de cinco días hábiles, en lugar, fecha y hora que definiera la Dirección Nacional de Ceremonial, y estaría a cargo de un jurado compuesto por cuatro funcionarios de esa área. El Anexo C incluyó como ítems a puntuar el tamaño de las porciones, la creatividad, la armonía de sabores, la presentación visual, el balance en el uso de harinas, la calidad de los productos y la calidad de la vajilla y la mantelería. Es decir, la licitación no se resolvió únicamente por monto: hubo una instancia oficial de prueba gastronómica antes de definir quién iba a servir la mesa del Palacio San Martín y de la conducción de Cancillería.
La apertura de ofertas se realizó el 29 de enero de 2026 y registró cinco propuestas: Hernán Javier Fiorini, Roberto Antonio Costa, ETNIK Eventos Integrales S.R.L., Servicios Xantar S.A. y GON ML S.R.L.. Después del análisis técnico, económico y de las degustaciones, la Comisión Evaluadora recomendó adjudicar la parte del contrato correspondiente a Roberto Antonio Costa por $17.000.000 y el resto a ETNIK Eventos Integrales S.R.L. por $63.030.000. También recomendó desestimar la oferta de Fiorini por no ajustarse a los requisitos del pliego, excluir a Xantar por precios “inconvenientes” y dejar afuera a GON ML por no regularizar su situación en SIPRO pese a haber sido intimada. El dictamen no recibió impugnaciones.
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