
La siniestra estrategia para demoler una joya histórica: abandonaron la Casa de Beiró para que se caiga sola
Abandonada, incendiada y señalada por vecinos como blanco de especulación inmobiliaria, la histórica casona de Francisco Beiró en Villa Devoto agoniza en silencio. Aunque está protegida por ley, ...
Abandonada, incendiada y señalada por vecinos como blanco de especulación inmobiliaria, la histórica casona de Francisco Beiró en Villa Devoto agoniza en silencio. Aunque está protegida por ley, su estado actual revive una postal conocida en Buenos Aires: la del patrimonio que se desmorona mientras el negocio avanza.
La casona donde vivió Francisco Beiró, una de las figuras clave del radicalismo, está al borde del colapso. A principios de este año, un incendio agravó el deterioro que vecinos y organizaciones denuncian desde hace tiempo. En distintas intimaciones aparece mencionada la inmobiliaria Jakim Propiedades, que comercializa inmuebles de alto valor en la zona, y a quienes las últimas propietarias (bisnietas de Beiró) habrían vendido la propiedad en 2008.
El deterioro sostenido trae sospechas que apuntan a una estrategia de abandono deliberado para forzar su caída y habilitar una futura demolición. La casa –que tiene protección estructural– hoy acumula pasto crecido, humedad, escombros y una historia que parece destinada al olvido, como tantas otras joyas arquitectónicas de Buenos Aires.
La emblemática construcción se impone en la esquina de José Luis Cantilo y Marcos Paz, en el corazón de Villa Devoto, a pesar de su penoso estado se erige presuntuosa. Fue construida a principios del siglo XX. El dirigente radical, vicepresidente electo en 1928 durante la fórmula que encabezaba Hipólito Yrigoyen, murió antes de asumir. Pero su nombre quedó grabado en el barrio que impulsó.
La Casa de Beiró fue mucho más que una residencia familiar: fue punto de encuentro político, social y cultural.
La arquitectura, según relevamientos patrimoniales, responde a un estilo ecléctico de inspiración renacentista, con influencias italianas. Conserva herrería original, vitrales, boiserie, mármol, mayólicas y terminaciones en roble y nogal. Las iniciales «FB» aún se ven en la ornamentación de la puerta principal.
Todos estos elementos fueron tenidos en cuenta en 2008, cuando la Legislatura porteña le otorgó la protección estructural, una figura legal que impide su demolición pero permite ciertas modificaciones internas. Desde entonces, el inmueble quedó atrapado en una especie de limbo: protegido, pero no cuidado.
El abandono comenzó tras la salida de los descendientes directos de Beiró, y se profundizó tras la supuesta adquisición de una inmobiliaria. Vecinos y organizaciones barriales afirman que Jakim Propiedades —una firma con sede en Devoto— es quien gestiona hoy el inmueble. La empresa aparece mencionada en expedientes municipales relacionados con el mantenimiento del terreno. También fue intimada para realizar tareas básicas como cortar el pasto o fumigar. La inmobiliaria no respondió públicamente aunque, según testimonios relevados por medios locales, habría alegado desconocer la situación del inmueble.
La Casa de Beiró fue mucho más que una residencia familiar: fue punto de encuentro político, social y cultural (Foto: @buenosairesperdida)Como se señalaba, uno de los hechos más graves ocurrió a principios de 2025, cuando un incendio afectó una de las habitaciones principales. No hubo heridos ni daños estructurales irreparables, pero el fuego profundizó el deterioro de la vivienda. Desde entonces, aumentaron las sospechas de una posible estrategia de abandono intencional: dejar que el paso del tiempo y la falta de mantenimiento conviertan la casa en una ruina, para luego argumentar que no se puede preservar. Las organizaciones que buscan la protección conocen bien el mecanismo: es una de las formas más habituales de vaciar el patrimonio en Buenos Aires.
La arquitectura de la Casa Beiró, según relevamientos patrimoniales, responde a un estilo ecléctico de inspiración renacentista, con influencias italianas (@buenosairesperdida)
En 2008 la Ciudad decidió darle protección estructural. Desde entonces, fue abandonada para su deterioro (@buenosairesperdida)
A principios de 2025, un incendio afectó una de las habitaciones principales. No hubo heridos ni daños estructurales, pero se profundizó su deterioro (@buenosairesperdida)
Los vecinos no se quedan de brazos cruzados. Agrupaciones como la Junta de Estudios Históricos de Devoto, además de colectivos como @buenosairesperdida y Basta de Demoler, denunciaron públicamente el estado de la casa y convocaron acciones simbólicas, como el abrazo al edificio realizado en enero, días después del incendio. La consigna es clara: “Salvar la Casa de Beiró”.
Aunque la protección estructural sigue vigente, su cumplimiento es frágil cuando no hay voluntad política ni seguimiento institucional.
UNA CIUDAD SIN HISTORIA
El caso no es aislado. En la Ciudad de Buenos Aires florecen los ejemplos de propiedades de alto valor histórico y arquitectónico que son abandonadas, desprotegidas o demolidas con aval oficial. El chalet de Parque Chas —último del loteo original— fue parcialmente demolido hasta que una cámara judicial frenó la obra y exigió al Gobierno porteño revisar su valor patrimonial.
Todas son piezas de una misma trama: la del negocio inmobiliario que avanza sobre lo que queda de la memoria urbana. La historia de la Casa de Beiró condensa esa tensión. Entre el mito radical, la belleza arquitectónica y el patrimonio cultural que exponen el abandono, se representa una escena ya conocida: cuando el patrimonio no se destruye, se desvanece en la indiferencia.
Más de un proyecto de ley apunta a proteger esta propiedad y decenas más intentan darle solidez a una defensa patrimonial que, en la práctica, sigue siendo frágil. Incluso con normativas específicas, la protección del patrimonio arquitectónico porteño queda atrapada en una trama de excepciones, vacíos legales y habilitaciones a medida. La ley existe, pero muchas veces no se cumple: se dobla ante la presión del negocio inmobiliario, que avanza cuando el Estado se corre.